domingo, 30 de noviembre de 2014

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http://www.morellajimenez.com.do/letinfantiles.htm

sábado, 29 de noviembre de 2014

Canciones

HOLA DON PEPITO”

Eran dos tipos requete finos
eran dos tipos medios chiflaos
eran dos tipos casi divinos
eran dos tipos desbarataos
Si se encontraban en una esquina
o se encontraban en el café
siempre se oía con voz muy fina
el saludito de don José
Hola Don Pepito, hola Don José
paso usted ya por casa,
por su casa yo pasé

Vio usted a mi abuela,
a su abuela yo la vi
adiós Don Pepito, adiós Don José
Hola Don Pepito, hola Don José
pasó usted ya por casa,
por su casa yo pasé

Vio usted a mi abuela,
a su abuela yo la vi
adiós Don Pepito, adiós Don José.


Canciones

EL PATIO DE MI CASA”
El patio de mi casa
es particular.
se moja cuando llueve
como los demás.

Agáchate,
y vuélvete a agachar,
que los agachaditos
no saben bailar.

Hache, I jota, ka
ele, elle, eme, a,
que si tú no me quieres
otro amante me querrá.

Hache, I, jota, ka
ele, elle, eme, a,
que si tú no me quieres
otra niña me querrá

El patio de mi casa
es particular.
se moja cuando llueve
como los demás.

Agáchate,
y vuélvete a agachar,
que los agachaditos
no saben bailar.


Hache, I, jota, ka
ele, elle, eme, a,
que si tú no me quieres
otra niña me querrá

chocolate, molinillo
corre corre que te pillo
a estirar, a estirar
que el demonio va a pasar


viernes, 28 de noviembre de 2014

Canciones

” Al CORRO DE LA PATATA”
Al corro de la patata
Comeremos ensalada
Como comen los señores
Naranjitas y limones
¡Achupé! ¡Achupé!
¡Sentadita me quedé!


Poesía

"LAS CINCO VOCALES"

Con saltos y brincos,
del brazo las cinco,
muy poco formales
vienen las vocales.
¿Las conoces tú?
a, e, i, o, u,
A, grita que grita,
se enfada y se irrita,
y se va al teatro.
Sólo quedan cuatro.
E, llama que llama,
se marcha a la cama
con dolor de pies.
Sólo quedan tres.
I, chilla que chilla,
se sube a una silla
porque ve un ratón.
Sólo quedan dos.
O, rueda que rueda,
¡sálvese quien pueda!,
rodando se esfuma.
Sólo queda una.
U, muy asustada,
se ve abandonada
y se va a la Luna.
No queda ninguna.
¿Las recuerdas tú?:
a, e, i, o, u.







jueves, 27 de noviembre de 2014

Animales

PIZCA, LA HORMIGA CON BUENAS IDEAS

Había una vez una hormiga muy pequeña que vivía en su hormiguero de un jardín con muchas flores, se llamaba Pizca. La hormiguita era muy pequeña porque aunque el tiempo pasaba, ella no crecía, sus hermanos mellizos eran mucho más grandes y altos, pero ella a pesar de que comía mucho y dormía bastante bien, siempre estaba del mismo tamaño.
Pizca era muy atrevida y valiente, ella nunca dejó de colaborar en las labores del hormiguero, aunque a causa de su diminuto tamaño se dedicaba a las tareas menos pesadas, y a transportar miguitas de pan, en vez de cáscaras de pipas.
Se sentía muy orgullosa de poder hacer lo mismo que su familia y amigos hacían, y muchas veces se envalentonaba y se la podía ver arrastrando una hoja de rosal por todo el camino a casa, sin ayuda de nadie y con la cabeza bien alta.
Un buen día, estaba ensimismada en su transporte, cuando una hormiga vecina de otro hormiguero pasó por encima de su mercancía, Pizca muy enfadada le dijo:
- “Pero bueno, ¿qué has hecho?, mira mi trabajo cómo lo has dejado”.
La otra hormiga se paró y miró el destrozo, y dijo:
- “Es que como eres tan pequeña no te he visto, disculpa, me fijaré más la próxima vez”.
Pizca se giró y siguió por su camino. Antes de llegar a la despensa, otra hormiga también pisó su miga de pan. Esta vez, Pizca se enfadó bastante:
- “¡Ya está bien!, ¿es que no me veis?, pues a partir de ahora me vais a dejar paso, seguro”.
Pizca entró en la despensa y cogió una gran cáscara de pipa, la moldeó para hacerse un casco, y un pequeño carrito para tirar de él, y volvió al trabajo.
Cuando sus compañeras la vieron, se quedaron alucinadas. ¡Qué buena idea había tenido Pizca! Todas fueron a preguntarle cómo lo había hecho, y si estaba teniendo resultados, y Pizca muy orgullosa contestó:
- “Desde que trabajo con esas herramientas, nadie pisa mi mercancías, me siento más segura y rindo mucho más”.

Así fue como Pizca inventó la carretilla y el casco de seguridad en el trabajo. La producción del hormiguero aumentó considerablemente, y ninguna hormiga más volvió a pisar a Pizca, ni ella se volvió a enfadar con nadie.


miércoles, 26 de noviembre de 2014

Animales


LUIS Y SU CACHORRO



Había una vez un niño llamado Luis que vivía con su mamá y su abuela Rosa, todos estaban muy felices porque llegaría el día de la feria.
Luis le pidió permiso a su mamá para poder ir con su abuela a la feria que había en la plaza. Su mamá le dio permiso para que fuera a la feria, entonces Luis y su abuela se fueron, a ellos les gustaban muchos los perritos pero a la mamá no.
Luis y su abuela al regreso de la feria encontraron un lindo cachorro lastimado, así que pensaron en llevarlo a casa y curarlo. Su mamá al verlos con el cachorro en los brazos gritó y se molesto mucho.
Su mamá le dijo a Luis que lo sacara y lo llevara a la calle, pero Luis se puso muy triste y pensó un plan: iba a encerrar al cachorro en su dormitorio mientras mamá estaba en la cocina preparando la cena. Así que llevó a cabo su plan y una noche el cachorro se escapó del cuarto de Luis. Su mama gritó al verlo. A la mañana siguiente Luis quería salir de su dormitorio, pero estaba encerrado con llave y no estaba el cachorro porque su mamá lo había llevado a la calle, ya que Luis no lo había obedecido.


Una semana después al verlo tan triste la mamá se disculpó con Luis y allí aprendió a querer a los perros. Inmediatamente salieron en busca del cachorro que había llevado a la calle, pero no lo encontraron, así que su mamá le compró un nuevo cachorro a Luis y lo cuidaron con mucho amor y cariño. Vivieron felices para siempre.



Matemáticas



MATÍAS, EL LIBRO DE MATEMÁTICAS

Había una vez un libro de color naranja, que contenía muchos números, símbolos extraños y ejercicios, muchos ejercicios. El libro se llamaba Matías, y era pequeño. Vivía en una estantería de madera, en la segunda balda empezando por abajo, y él mismo no sabía muy bien quién era, porque apenas le consultaban dudas.
Matías era muy observador, y lo que si veía es que todos los días dos niños pequeños jugaban a los pies de la estantería con todos los libros y cuentos que les parecían llamativos. Se sentía extrañado porque a él nunca lo elegían para hojearlo, ¡pero si era de color naranja y con dibujos!
Un día el abuelo de los niños se sentó con ellos en el suelo a leer cuentos, y eligió a Matías para hojearlo junto a sus nietos. Los niños parecían aburridos al abrir por la primera página, pero de repente, les llamó la atención una determinada operación, que aunque habían visto antes en otros cuentos, ahora les hizo abrir los ojos y atender con mucha atención.
- “1+1= 2″
- “Uno más uno, igual a dos”, – dijo el abuelo.

“Son dos palitos unidos por otros dos palitos cruzados, dos rayas tumbadas y un número que parece un pato”, – dijo la nieta mayor.
El abuelo les explicó cada símbolo, lo que significaba y como se leía esa operación, y los niños aprendieron para siempre que uno más uno son dos.
Mientras tanto, Matías estaba muy contento porque estaba siendo leído, y empezó a ponerse nervioso, tan nervioso, que se cerró sin querer, y se cayó al suelo. El abuelo lo recogió, e intentó buscar la misma página de antes, pero cuál sería su sorpresa, que Matías de lo nervioso que se había puesto, cambió la operación.
- “1-1= 0″

- “¡Qué raro!, ahora no encuentro la suma anterior”, – exclamó el abuelo.
Extrañado, cerró el libro y le dijo a sus nietos que por hoy era suficiente. Los niños se quedaron con ganas de ver más cosas sobre Matías, y al día siguiente, cuando llegaron a casa después de una dura jornada de colegio, buscaron la operación que su abuelo les enseñó.
Ya no estaba esa operación, había otra. La misma que el abuelo había visto la vez anterior.

- “1-1= 0″
Los niños intentaron interpretarla: – “un palito y otro palito con una raya tumbada en medio, dos rayas tumbadas y un círculo”. – Se quedaron pensativos.
Al rato, la niña mayor dijo: - “¡Lo tengo!. Si la otra vez aprendimos que uno más uno eran dos, y ahora aparecen los mismos números y sólo cambian los palitos cruzados y el número final, será porque en vez de sumar hay que quitar”.
- “Uno menos uno igual a… ¿qué número será este?”
Estaban ensimismados con Matías, y de sorpresa llegó el abuelo:
- “Abuelo, menos mal que has venido, mira lo que hemos aprendido: uno menos uno igual a círculo”.
El abuelo no pudo contener la risa, y les explicó que ese círculo era el número cero. Además se sentía muy orgulloso de la lógica de los niños, al intuir el significado del palito sin cruzar. Sus nietos ya sabían dos operaciones matemáticas, las cuales habían aprendido muy rápidamente.

El orgullo y la alegría que el abuelo sintió, enorgulleció a Matías, gracias a su inquietud por ser de utilidad a alguien, y haberse caído de los nervios que le entraron, los niños aprendían matemáticas de una forma divertida y para siempre.
La misión de Matías estaba clara, y cada vez que lo hojeaban, sentía ilusión y ternura por el aprendizaje de las matemáticas.






Poesía

“LA GALLINITA”

La gallinita,
en el gallinero,
dice a su amiga
-Cuánto te quiero.

Gallinita rubia
llorará luego,
ahora canta:
-Aquí te espero...

"Aquí te espero,
poniendo un huevo",
me dio la tos
y puse dos.

Pensé en mi ama,
¡qué pobre es!
Me dio penita...
¡y puse tres!


Como tardaste,
esperé un rato
poniendo huevos,
¡y puse cuatro!


Mi ama me vende
a doña Luz.
¡Yo con arroz!

¡qué ingratitud!





martes, 25 de noviembre de 2014

Poesía


“LOS NÚMEROS”

El cero es un rosco
que dice ¡cómeme!

El uno es un soldado
con una gran nariz

El dos es un patito
nadando en una charca

El tres es un gusano
que trabaja en el circo

El cuatro es una silla
puesta boca abajo

El cinco es un policía
un poquito barrigón

El seis es una guinda
con un largo rabito

El siete es una pista
de un coche de juguete

El ocho son las gafas
buscando una nariz

El nueve es un globito
que tienes que coger.





Animales


EL SAPO MOLITO

Había una vez un sapito llamado Molito que quería cruzar el río para ver a su familia y amigos que estaban del otro lado,  pero el río era muy ancho. Entonces pensó:
- Le voy a decir al castor que me ayude a construir una balsa y así podré cruzar el río
Fue a ver al castor y le dijo: - Sr. Castor, ¿me puede ayudar?
- Ahora no puedo, estoy muy ocupado. – Interrumpió el castor
- Pero necesito que me ayude a construir una balsa para poder cruzar el río para visitar a mi familia.
- Está bien, pero ¿Qué recibiré a cambio? ¿Con qué me vas a pagar? – Increpó el castor.
- Eee …No sé. – Balbuceó Molito. - ¿Qué se le ocurre?
- Ya se me ocurrirá algo… – Dijo el castor.
- Mmm … hojas, eso, diez mil hojas!!
- ¡Diez mil hojas! – Se sorprendió Molito.
- Sí, eso es. Si te gusta, bien, y si no, sigue tu ruta. – Le dijo el castor.
Y Molito quedó pensando de dónde sacará diez mil hojas para darle al castor.
Se le ocurrió pedir ayuda a las hormigas. Fue a hablar con la jefa de las hormigas:
- Señora hormiga, señora hormiga.
- ¡Ahora no puedo! – Interrumpió la hormiga-.
- Es que necesito que me ayude a conseguir diez mil hojas para dárselas al castor y que él me ayude a construir una balsa para poder cruzar el río y así poder ver a mi familia.
- Está bien, está bien. – Dijo la hormiga.
- Pero.. ¿Qué recibiremos a cambio? ¿Con que nos va a pagar?
- Eee , no sé. – Volvió a balbucear Molito. - ¿Qué se le ocurre?
- Mmm, manzanas. Quinientas manzanas.
- ¡Quinientas manzanas!! – Se sorprendió Molito.
- Pero.. ¿De dónde las sacaré?
- No sé. – Le replicó la hormiga. - Tómalo o déjalo. – Dijo la hormiga.
Y se fue Molito pensando: - ¿De dónde sacaré quinientas manzanas?
Y se encontró con el Sr. Mono.
- Sr. Mono, Sr. Mono, ¿usted me podría ayudar?
- No, no. Ahora no puedo. – Interrumpió el mono.
- Es que necesito quinientas manzanas para dárselas a las hormigas para que me den diez mil hojas, después dárselas al castor para que me ayude a hacer una balsa para cruzar el río y poder ver a mi familia…
- Está bien, - dijo el mono. Pero… ¿con qué nos vas a pagar? ¿Qué recibiremos a cambio?
- Eee… – Y nuevamente balbuceó Molito.
- No sé. ¿Qué se le ocurre??
- Mmm, bananas, cien bananas.
- ¡Cien bananas!! ¿Y de dónde podré sacar cien bananas?
- No sé, no sé. Si te parece bien. Si no… Sigue tu ruta!
Uff... Ya cansado Molito veía que todos le pedían algo a cambio. Hasta que se cruzó con un hombre. Y ya casi resignado le dijo:
- Señor, señor…
- Sí sapito
- Necesito que me ayude a conseguir cien bananas, es muy importante para mí.
- Está bien sapito, ven, acompáñame.
Y lo subió a un bote y cruzó el río. Una vez que estaban del otro lado. El hombre le dijo al sapito:

- Ves, allá está el bananero, ahora juntemos tus cien bananas.
Sorprendido Molito, casi sin entender, sólo atinó a darle un enorme abrazo al hombre y decirle que ya no era necesario. Y salió contento a reunirse con su familia.


Cinco sentidos

¡ES FIN DE SEMANA!, A DISFRUTAR DE LOS SENTIDOS

 Margarita había descansado mucho la noche del viernes con el sueño que tuvo, y esto le hizo levantarse el sábado de muy buen humor, y con la cabeza muy despejada para hacer muchas cosas interesantes.
Sus padres habían organizado un fin de semana especial, eran dos días para dedicarse a los sentidos.
-“Un fin de semana sensorial”, - le dijo su padre.
El sábado por la mañana después de levantarse y mirarse al espejo todos juntos, sacaron la mejor sonrisa de cada uno, y al verse reflejados los cuatro a la vez sonriendo, les entró la risa, y no podían parar de carcajearse. Era el mejor comienzo del día y del fin de semana sensorial, ya que la vista la tenían preparada para estar contentos todos los días.
Después de tantas risas, salieron de casa un poco tarde, y tuvieron que cambiar la planificación del día. Irían primero a comer a un restaurante, en el que la especialidad era un plato muy especial para las niñas, Ratatouille, el cual les recordaba a su más tierna infancia.
Lógicamente fue el plato que eligieron las niñas para comer, nada más ponerlo en la mesa, ambas cerraron los ojos y comenzaron a desfilar por su mente un festival de olores y bonitos recuerdos, que las tuvieron inmersas en el plato hasta que sus pequeñas narices estuvieron saturadas de tan grato olor.
 Ratatouille estaba preparado de temperatura para probar. El sentido del gusto se les despertó en el primer bocado, sus padres les pidieron que descubrieran lo que iban comiendo, y las niñas apenas podían pronunciar palabras, se dedicaron a disfrutar de la receta. ¡Les supo a gloria!
Al terminar de comer fueron a un cuenta cuentos en el centro de la ciudad. A Teresa y Margarita les encantaba escuchar cuentos, canciones y música. Y durante el espectáculo disfrutaron como auténticas niñas.
Estaban escuchando con mucha atención, y no se les escapaba ningún detalle, estaban pendientes tanto de la comunicación verbal como de la no verbal, ya que sabían que para completar ciertos mensajes había que escuchar no sólo las palabras, sino también los gestos.
Cuando terminó el día, todos se fundieron en un abrazo común, necesitaban estar en contacto el uno con el otro. Había sido un día espectacular. Ya en casa, se quedaron dormidos los cuatro en el sofá del salón, abrazados y dándose la mano.

Al día siguiente, seguía siendo un día del fin de semana de los sentidos, y lo dedicaron a aprender algo más sobre el sentido común. Durante todo el día, charlaron, opinaron y pusieron en común preocupaciones e ideas que cada uno tenía en su cabeza, y al finalizar el día, llegaron a la conclusión de que sin los cinco sentidos no se habría avanzado tanto en este mundo, y que gracias a tener sentido común, el fin de semana sensorial se hizo realidad.