MATÍAS, EL
LIBRO DE MATEMÁTICAS
Había una vez un libro de
color naranja, que contenía muchos números, símbolos extraños y ejercicios,
muchos ejercicios. El libro se llamaba Matías, y era pequeño. Vivía en una
estantería de madera, en la segunda balda empezando por abajo, y él mismo no
sabía muy bien quién era, porque
apenas le consultaban dudas.
Matías era muy observador, y lo
que si veía es que todos los días dos niños pequeños jugaban a los pies de la
estantería con todos los libros y cuentos que les parecían
llamativos. Se sentía extrañado porque a él nunca lo elegían para hojearlo,
¡pero si era de color naranja y con dibujos!
Un día el abuelo de
los niños se sentó con ellos en el suelo a leer cuentos, y eligió a
Matías para hojearlo junto a sus nietos. Los niños parecían aburridos al abrir
por la primera página, pero de repente, les llamó la atención una determinada
operación, que aunque habían visto antes en otros cuentos, ahora les hizo abrir
los ojos y atender con mucha atención.
- “1+1= 2″
- “Uno más uno, igual a dos”, – dijo el abuelo.
“Son dos palitos unidos por otros
dos palitos cruzados, dos rayas tumbadas y un número que parece un pato”,
– dijo la nieta mayor.
El abuelo les explicó cada
símbolo, lo que significaba y como se leía esa operación, y los niños
aprendieron para siempre que uno más uno son dos.
Mientras tanto, Matías estaba
muy contento porque estaba siendo leído, y empezó a ponerse nervioso, tan
nervioso, que se cerró sin querer, y se cayó al suelo. El abuelo lo recogió, e
intentó buscar la misma página de antes, pero cuál sería su sorpresa, que
Matías de lo nervioso que se había puesto, cambió la operación.
- “1-1= 0″
- “¡Qué raro!, ahora no encuentro
la suma anterior”, – exclamó el abuelo.
Extrañado, cerró el libro y le
dijo a sus nietos que por hoy era suficiente. Los niños se quedaron con ganas
de ver más cosas sobre Matías, y al día siguiente, cuando llegaron a casa
después de una dura jornada de colegio, buscaron la operación que su abuelo les
enseñó.
Ya no estaba esa operación,
había otra. La misma que el abuelo había visto la vez anterior.
- “1-1= 0″
Los niños intentaron
interpretarla: – “un palito
y otro palito con una raya tumbada en medio, dos rayas tumbadas y un círculo”. –
Se quedaron pensativos.
Al rato, la niña mayor
dijo: - “¡Lo tengo!. Si la
otra vez aprendimos que uno más uno eran dos, y ahora aparecen los mismos
números y sólo cambian los palitos cruzados y el número final, será porque en
vez de sumar hay que quitar”.
- “Uno menos uno igual a… ¿qué
número será este?”
Estaban ensimismados con
Matías, y de sorpresa llegó el abuelo:
- “Abuelo, menos mal que has
venido, mira lo que hemos aprendido: uno menos uno igual a círculo”.
El abuelo no pudo contener la
risa, y les explicó que ese círculo era el número cero. Además se sentía muy
orgulloso de la lógica de los niños, al intuir el significado del
palito sin cruzar. Sus nietos ya sabían dos operaciones matemáticas, las cuales habían aprendido muy
rápidamente.
El orgullo y la alegría que el abuelo sintió, enorgulleció a Matías, gracias a
su inquietud por ser de utilidad a alguien, y haberse caído de los nervios que
le entraron, los niños aprendían matemáticas de una forma divertida y para
siempre.
La misión de Matías estaba clara,
y cada vez que lo hojeaban, sentía ilusión y ternura por el aprendizaje de
las matemáticas.

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